Cuestión de legitimidad

La fuente principal en Santa María de Aguasantas, Cotobade.

La fuente principal en Santa María de Aguasantas, Cotobade.

A comienzos de octubre de 1811 la hermana de uno de mis antepasados, de nombre Teresa Cerviño, dio a luz a su primer hijo en la parroquia de Santa María de Aguasantas, en el municipio pontevedrés de Cotobade. El evento no tendría nada de particular, de no ser porque Teresa, a sus 28 años de edad, era soltera y, por lo tanto, el bebé que acababa de alumbrar era ilegítimo.

Teresa pertenecía a una familia de origen muy humilde. Casi todos sus parientes trabajaban bien como labradores o como canteros (en el caso de los varones). Ella probablemente trabajara en el campo, intentando subsistir de lo poco que poseía.

A menudo me he preguntado quién pudo ser el padre de aquel bebé, que fue bautizado con el nombre de Gregorio. ¿Un convecino? ¿Un forastero? ¿Un sacerdote? ¿Un pariente de Teresa? Quién sabe… Lo que sí sabemos es que dar a luz a un hijo ilegítimo en aquellos tiempos (o, al menos, en aquella comarca) no era el escándalo social de dimensiones goliáticas que hoy sostenemos en nuestra imaginación popular. Teresa no fue la primera ni la última mujer en Aguasantas en dar a luz a un hijo bastardo, y prueba de la buena aceptación de este hecho es que cinco años después tuviera un hijo más, que fue bautizado con el nombre de Manuel. Por si fuera poco, en 1824 Teresa dio a luz a una hija, también ilegítima, a la que llamó Rosa.

La ausencia del nombre del padre en cada partida de bautismo no nos permite saber si estos hermanos compartían el mismo progenitor, pero sea como fuere, crecieron en la misma parroquia que su madre y fueron aceptados por la sociedad local como cualquier otro feligrés.

Gregorio, el primogénito, falleció en 1843 a punto de cumplir 32 años. De su matrimonio quedaron un hijo (fallecido joven) y una hija, antepasada de la rama de los Fortes Cerviño.

Manuel, que al igual que su hermano Gregorio se dedicó a la cantería, se casó bastante joven y tuvo de su matrimonio tres hijos que llegaron a edad adulta: José (reputado autor, según algunos, del cruceiro de Hío), María Manuela y Valentín (cuyo nieto, Miguel Vidal Cerviño, se casó con su lejana pariente, Irene Rivas Garrido).

Rosa, la benjamina de los hijos de Teresa Cerviño, se casó a la edad de 32 años con José Rivas García, un labrador cotobadés también de origen humilde. La pareja tuvo tres hijas: Joaquina, Avelina y Josefa. Sin embargo, las cosas se empezaron a torcer para Rosa durante su cuarto embarazo, pues en febrero de 1865 dio a luz a un niño que falleció con diez minutos de vida, después de habérsele administrado el bautismo de necesidad.

Cuatro años tardaría Rosa, a sus 45 años, en quedar embarazada de nuevo, y a principios de junio de 1869 se manifestaron las primeras señales de parto. Desgraciadamente, y una vez más, hubo complicaciones que la partera no fue capaz de evitar, y conscientes de lo peligroso de la situación, se decidió aplicarle al feto nonato el bautismo de necesidad estando aún en el vientre materno (el único caso que yo haya visto). Según la partida de defunción, dos horas después del “bautismo” se pudo verificar la muerte del nonato, una niña, a la que tuvieron que cortarle el brazo derecho para poder extraerla del vientre materno. La experiencia para Rosa debió de ser, simple y llanamente, infiernal. Pero Rosa, que debía de ser una mujer fuerte, logró recuperarse y sobreponerse a tan terrible pérdida. Sobrevivió cinco años más, sin que conste que volviese a tener hijos, falleciendo en 1874 a consecuencia de una “demacración general por padecimiento crónico”.

No acaba aquí nuestra saga, pues la estirpe de Teresa y Rosa Cerviño se perpetúa hasta la actualidad a través de sus descendientes Joaquina y Avelina Rivas Cerviño. Al igual que su abuela materna, Joaquina no pudo o no quiso pasar por la vicaría, pero no por ello decidió prescindir de tener descendencia. En 1891 dio a luz a un niño, que desgraciadamente sólo sobrevivió cuatro semanas. En 1894 nació su segundo y último hijo, Manuel, el cual fue inscrito casi dos semanas tarde debido al temporal que azotaba la zona en aquel momento, impidiéndole a la madre desplazarse hasta la oficina del registro civil (a dos kilómetros) para inscribir al neófito. Este individuo contrajo matrimonio bastante joven, siendo su desposada su prima Telesfora Cerviño Montero (hija del antedicho José Cerviño, supuesto constructor del cruceiro de Hío). La pareja tuvo dos hijos antes de que Manuel emigrase a Brasil, donde tuvo una segunda familia; su familia gradualmente perdió todo contacto con él. Su hijo, también llamado Manuel, contrajo matrimonio con una prima lejana, hija también de una Cerviño, y aunque no llegaron a tener hijos, criaron a su sobrina y los hijos de ésta como si fueran propios.

Avelina Rivas Cerviño, la única hermana de Joaquina que tuvo descendencia, también optó por una vida privada un tanto heterodoxa al tener tres hijos ilegítimos: Evaristo, nacido en 1885, Manuel, en 1887, y Narciso, nacido en 1891. Éste, al igual que su citado primo Manuel, buscó a su futura esposa entre las ramas de su árbol familiar, y en 1916 contrajo matrimonio con María Angustia Rivas Cerviño, hija de la también antedicha Manuela Cerviño (hermana de José Cerviño) y además hija de Evaristo Rivas, cuyo hermano José se había casado décadas atrás con Rosa Cerviño.

Esta rama de los Cerviño se distingue por dos causas principales: el alto número de bebés extramatrimoniales que se dan en varias de sus generaciones, y la elevada cantidad de matrimonios intergeneracionales y consanguíneos que se producen (hasta cinco sólo en los descendientes de Teresa Cerviño). Hay casos que merece la pena leerlos para creerlos, ¿o no?

Anuncios
Publicado en Biografía, Brasil, Cotobade, Galicia, Genealogía, Pontevedra | Deja un comentario

Los tarjetones de emigrantes de FamilySearch

Uno de los recursos genealógicos a los que mayor partido le saco es, sin duda, FamilySearch. Aunque en España sigamos pecando de contar con muy pocos recursos informatizados y digitalizados, FamilySearch nos aporta una cantidad muy rica y heterogénea de documentos que pueden facilitarnos nuestra labor investigativa. Entre las diversas colecciones que alberga, me gustaría destacar los tarjetones de emigrantes que arribaron a las costas de Río de Janeiro (Brasil) entre 1900 y 1965. Estos tarjetones son realmente fichas personales emitidas por el Consulado de Brasil en Vigo en su mayoría durante la primera mitad del siglo XX, y contienen información personal sumamente útil para cualquier investigador. En mi caso, me han sido muy útiles para saber más sobre mis antepasados oriundos de la parroquia de Santa María de Aguasantas, en Cotobade (Pontevedra), como se verá a continuación.

A través de una simple búsqueda, ya sea por apellido o por lugar de nacimiento, he logrado encontrar en torno a una docena de parientes directos y colaterales – algunos cuya identidad me era hasta entonces desconocida. El hecho de que los tarjetones incluyen la fecha de nacimiento de cada individuo me ha ayudado mucho a la hora de solicitar la partida de nacimiento al Registro Civil o al Archivo Diocesano de Santiago. También se pueden encontrar datos sobre la profesión del individuo, así como el nombre de sus padres, su estado civil, y a qué ciudad se dirigía. Aún así, la “foto tamaño carnet” de cada individuo es lo que da a estos tarjetones un valor humano y personal mucho mayor que cualquier otro documento que jamás haya visto.

A continuación incluyo algunos de los tarjetones de aquellas personas que (segura o probablemente) guardan parentesco conmigo. Por razones de privacidad no incluyo los tarjetones de gente que nació en los últimos 100 años, pero si tienes antepasados de Aguasantas y quieres contactar conmigo quizá podamos encontrar un parentesco común.

Inocencia Leonor

Inocencia Leonor Durán García, nacida el 19 de abril de 1897, hija de Manuel Durán y Serafina García, emigró a Brasil en 1949.

Cándido

Cándido Lorenzo García, nacido el 3 de noviembre de 1915, hijo de Constantino Lorenzo y de Celia García, emigro a Brasil en 1940.

María Placeres

María Placeres Insuela García, nacida el 11 de junio de 1911, hijo de Antonio Insuela y Elisa García, emigró a Brasil en 1952.

José Manuel Senra

José Manuel Senra, nacido el 29 de enero de 1904, hijo de Rosa Senra, emigró a Brasil en 1952.

José

José Lopo Adán, nacido el 8 de octubre de 1879, hijo de Manuel Lopo y de María Adán, emigró a Brasil en 1950.

Manuel Segundo

Manuel Segundo Lopo García, nacido el 12 de junio de 1901, hijo de Primitivo Lopo y de María García, emigró a Brasil en 1950.

Benito

Benito Andión Pena, nacido el 30 de junio de 1914, hijo de Cándido Andión y de Adelina Pena, emigró a Brasil en 1951.

Ludivina

Ludivina Touriño Fraguas, nacida el 18 de junio de 1876, hija de Manuel Touriño y de Carmela Fraguas, emigró a Brasil en 1946.

Maudilio García

Maudilio García Cerviño, nacido el 13 de septiembre de 1905, hijo de José García y de Florinda Cerviño, emigró a Brasil en 1952.

Lino Orancio Ogando

Lino Orancio Ogando García, nacido el 8 de mayo de 1916, hijo de José Ogando y Herminda García, emigró a Brasil en 1951.

Adolfo

Adolfo Ogando Moure, nacido el 3 de julio de 1914, hijo de Manuel Ogando y de Emilia Moure, emigró a Brasil en 1957.

1895erundina

María Erundina Muíños García, nacida el 9 de junio de 1895, hija de Manuel Muíños y de Genara García, emigró a Brasil en 1957.

Fortunato Durán Rodríguez, nacido el 11 de junio de 1910

Fortunato Durán Rodríguez, nacido el 11 de junio de 1910, hijo de Manuel Durán y Rosa Rodríguez, emigró a Brasil en 1951.

Publicado en América, Archivos, Brasil, Cotobade, Emigración, Galicia, Genealogía, Pontevedra | 2 comentarios

Un Viaje de Novios

“¿Será cierto que a veces se complace el Destino en que por extraña manera, por sendas torturosas, se encuentren dos existencias, y se tropiecen a cada paso e influyan la una en la otra, sin causa ni razón para ello?”

Aquellas palabras, tan ciertas entonces como lo son ahora, fueron plasmadas por la novelista gallega Emilia Pardo-Bazán en su insigne obra Un Viaje de Novios. Es probable que mi abuelo, lector adepto de las novelas de Doña Emilia, conociera aquellos renglones cuando se decidió a emprender su propio viaje de novios.

scan1Corría el año 49 del siglo pasado. España continuaba recuperándose del trauma que había supuesto la Guerra Civil. Mi abuelo, un joven mozo por entonces, se había criado huérfano de madre en una casa dominada por su padre y su tía Amalia, una solterona que había criado a mi abuelo y sus hermanos como una especie de bondadosa madrastra tras la muerte de su hermana durante la guerra. No puede decirse que, incluso en sus años de juventud, mi abuelo fuese guapo, pero su semblante sonriente en casi todas las fotos que de él sobreviven dejan entrever una persona activa, risueña y animada. Su grupo de amigos, su “pandilla”, probablemente lo fuera todo para él en aquellos años de tristeza que fueron los de su orfandad y la posguerra, y fue gracias a uno de sus amigos que conoció a la que había de convertirse en la mujer de su vida: mi abuela.

scan4Mi abuela, que sí fue una belleza en su juventud, había tenido al menos un novio con anterioridad a conocer a su futuro marido. Esa primera relación, que inicialmente parecía prometer, acabó naufragando, y finalmente fue mi abuelo el que logró ganarse la mano de la joven.

Mi abuelo no era rico (no hacía mucho que se había graduado en la Escuela de Comercio y comenzaba a labrarse su propia carrera profesional), pero gracias a las rentas que le aportaba la casa que su padre tenía en Cuba pudo permitirse una vida con ciertos caprichos. Su viaje de novios no iba a ser menos.

Parece ser que ante la indecisión de mi abuelo, mi abuela le dio un ultimátum y, con los resultados deseados: se vistió de blanco y se convirtió en su mujer un día de noviembre de 1949 en la ciudad de La Coruña. La lista de invitados, que todavía tengo en mi poder, incluye no sólo a las respectivas familias (menos a la pobre tía Amalia, que acababa de fallecer), sino a un considerable número de amigos y vecinos a los que mis abuelos tratarían durante muchos años.

La boda se celebró a las diez y media de la mañana, como era costumbre (en tiempos las bodas se celebraban muy temprano, porque era obligatorio ir en ayunas). No sé si hubo un banquete para todos los invitados (es posible que los gastos los guardasen para la luna de miel). Inexplicablemente, como si supiera que algún día yo me interesaría por ellos, mi abuela guardó todos los recibos y billetes de su viaje de novios, lo cual me ha permitido saber dónde estuvieron y qué hicieron en las semanas inmediatamente posteriores a la ceremonia.

El mismo día 24 mis abuelos salieron (casi seguro que en tren) hacia Santiago de Compostela. Allí se hospedaron en el Hotel Compostela (hoy en día un hotel de cuatro estrellas), donde las facturas reflejan su consumición en el “hall” (un té y una naranjada el primer día, un coñac el segundo…) e incluso sus “conferencias telefónicas” el día 24, día de su llegada, por un montante de 3,30 pesetas (probablemente para anunciar a sus familias que habían llegado a su primer destino).

scan2El día 26 partieron para Vigo, donde seguramente se encontraron con parientes del novio, y se hospedaron en el Hotel Continental (el mismo en el que 37 años antes se había hospedado la propia Emilia Pardo-Bazán) y dos días después tomaron en tren coche-cama rumbo a Madrid. Los recibos atestiguan sus consumiciones y la vida distendida y relajada de la que disfrutaron durante el viaje: dos comidas, un clarete, gaseosa, cafés… ¿Coste final de las consumiciones? ¡Casi 100 pesetas de entonces!

scan3A su llegada a Madrid la pareja de recién casados se hospedó en el Hotel Bristol. Aprovecharon la estancia en Madrid para visitar teatros (Historia de una escalera, de Buero Vallejo, en el Teatro Español; Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, en el Teatro Nacional María Guerrero…), aunque también hubo momentos para disfrutar de espectáculos algo más frívolos, como el Desfile de Fantasías de “la famosa super-vedette Mary Merche” en el Teatro Lope de Vega, o un bolero de Gloria Lasso en el Salón-Bar Americano Erika, mientras que en el Teatro Alcázar asistieron a una opereta. Las facturas del Bristol atestiguan de la buena vida que se dieron mis abuelos durante su estancia en la capital: no sólo pagaron la habitación y los desayunos correspondientes a cada jornada (ocho días en total se hospedarían allí), sino que también tuvieron que hacer frente a gastos de lavado de ropa, llamadas telefónicas…

Mis abuelos, en El Retiro, durante su viaje de novios, 1949.

Mis abuelos, en El Retiro, durante su viaje de novios, 1949.

En Madrid también coincidieron con la hermana favorita de mi abuela y su (futuro) marido, quienes dejaron como recuerdo de la visita una curiosa y entrañable nota que dice: “Recuerdo de vuestra luna de miel y de nuestra luna de melocotón con nata.” Otro de ellos escribió: “Y con esperanza de tienda de campaña”. Mi abuelo, por su parte, añadió: “Al final marcha nupcial. Un día feliz.” Mi abuela, no menos romántica, escribió: “Días como este hay pocos en el año. Soy feliz.” Era el 4 de diciembre de 1949.

No acabaría ahí el periplo de mis abuelos, pues pronto emprendieron el viaje de nuevo, esta vez con destino a Valencia. Allí, de nuevo, se establecieron en un hotel (en esta ocasión, el Hotel Londres, donde se quedaron hasta el día 11). Resultado de la estancia: 1.216 pesetas sólo en gastos de hotel.

La vuelta a Galicia, y a la vida diaria, se realizó vía Madrid, pero no parecían tener prisa, pues el día 18 y 19 de diciembre encontramos de nuevo una factura del Hotel Bristol. De ahí partieron a las 17.25 de la tarde, rumbo a La Coruña, a donde llegarían al día siguiente, y a tiempo para pasar sus primeras navidades juntos y en familia.

Publicado en América, Cuba, Galicia, Genealogía, Guerra, Guerra Civil Española, La Coruña, Madrid, Santiago de Compostela, Valencia, Vigo | 1 Comentario

¿De qué Ronquete desciendes?

A falta de documentación que lo contradiga, puedo aseverar con bastante confianza que todos en España cuantos portamos el nombre de familia Ronquete entre nuestros apellidos (o entre los de nuestros antepasados) estamos emparentados. Ello se debe a que el apellido Ronquete, genovés en su origen como ya he escrito anteriormente en varios artículos, fue introducido en España (y concretamente en Galicia) por un ciudadano oriundo de la ciudad italiana allá por la segunda mitad del siglo XVIII. La falta de documentación no nos permite saber si este personaje, Nicolás Ronquete, llegó a las costas gallegas acompañado de otros genoveses, ni siquiera si vino con algún que otro pariente. En cualquier caso, hasta la fecha no se han encontrado pruebas que indiquen nada al respecto: Nicolás Ronquete, por lo tanto, vino a España solo.

No nos detendremos aquí ante las posibles razones que empujaron u obligaron a este aventurero genovés a dejarlo todo en su ciudada natal y asentarse en una región con la que, aparentemente, no tenía lazos personales ni profesionales. Sea como fuere, Nicolás arribó a la villa marinera de Noya, en la actual provincia de La Coruña, en torno al año 1770, y fue seguramente allí o en un pueblo cercano donde contrajo matrimonio con una oriunda, Manuela da Costa.

Gracias a los libros parroquiales que se custodian actualmente en Santiago de Compostela, sabemos que Nicolás y Manuela tuvieron hijos en al menos cuatro ocasiones entre 1784 y 1793. A ellos, pues no sabemos si entretanto hubo más hijos que no llegaron a ser bautizados, debemos sumar un hijo más, llamado Francisco Miguel, nacido en fecha desconocida (es muy probable que Francisco Miguel fuese el primogénito de la pareja, ya que lo encontramos citado en 1799, cuando contrae matrimonio en la iglesia parroquial de San Martín de Noya).

A partir de esa primera generación de Ronquetes nacidos en España, la familia comenzó a ramificarse y a poblar diferentes puntos de la localidad coruñesa. Sabemos que el hijo menor de la pareja falleció a tierna edad sin haber producido descendencia, por lo que la continuidad de la estirpe llegó a depender únicamente de sus cuatro hermanos mayores. Josefa, la única hija, contrajo matrimonio en 1813 y tuvo, que sepamos, al menos dos hijos varones que portaron el apellido Rey Ronquete. El apellido genovés se pierde, consecuentemente, a través de esta rama femenina, que se perpetuó hasta al menos la mitad del siglo XIX, cuando nacieron tres nietos de Josefa: José Luis Rey Rodríguez (1838-¿?), María Pilar Josefa Rey Rodríguez (1840-¿?) y Josefa Rey Rodríguez (1848-¿?).

Las familias de los tres hermanos restantes, Francisco Miguel, Rafael y Manuel Gabriel, son más fáciles de documentar gracias a lo único que es su apellido en la zona. Como ya he dicho con anterioridad, cualquiera que porte el apellido en España, ya sea Galicia u otra región del país, seguramente sea descendiente de uno de los tres hermanos, e invito a quienquiera que lea estas líneas a que me contacte y analicemos sus orígenes para demostrar así esta teoría y nuestro parentesco.

Volviendo al tema principal, he aquí una breve reseña de las vidas de los tres hermanos Ronquete, y de su amplísima descendencia:

Francisco Miguel Ronquete (c.1776-1820) era vecino de la Plaza del Tapal de Noya. Sus actividades financieras, gracias a las cuales cobraba intereses (lo cual era ilegal en aquella época), nos dan a entender que era prestamista, lo cual él disfrazaba a través de una curiosa artimaña: primero compraba propiedades a sus clientes, pero transcurridas varias semanas se las volvía a vender a su anterior propietario por un precio más elevado, o bien realizaba contratos de retrocesión de compra. Desconocemos la causa que le llevó a la tumba en 1820, aunque sabemos que testó antes de fallecer y que recibió los sacramentos de penitencia y comunión, por lo que se deduce que la muerte no le debió de sobrevenir repentinamente. En el terreno personal sabemos que contrajo matrimonio con la noyesa Josefa de Agra, que le daría dos hijos: Domingo Antonio y Ventura, ambos adolescentes cuando falleció su padre. El mayor de ellos, propietario de profesión, dejó amplia descendencia de su matrimonio, siendo mi línea la que descendiende de una de sus hijas. El menor, fallecido con 37 años, dejó tres hijos: Cesáreo (que sería médico), Ramón (que llegó a ser alcalde de Noya) y Pilar, casada con Alejandro Cadarso Rey (hermano del afamado Luis Cadarso) y madre de, entre otros, el diputado provincial y gobernador civil Alejandro Cadarso Ronquete.

Rafael Ronquete (1785-1818), de profesión desconocida, falleció prematuramente al ahogarse frente a las costas de Matasueiro. De su matrimonio con Isabel Saborido dejó cinco hijas (de las cuales al menos una falleció joven) y un hijo nacido póstumamente. Sólo dos de ellas parecen haber tenido descendencia: María (casada con Manuel Moares Briones) tuvo al menos seis hijos, mientras que su hermana María Josefa (casada con el notario eclasiástico Francisco Cándido Salanova Abad) tuvo siete. Una descendiente de esta rama, Mercedes Salanova Ronquete, se casó con su primo Eduardo Ronquete Paseiro, descendiente de Manuel Gabriel Ronquete, que sigue.

Manuel Gabriel Ronquete (1789-1865) fue el último de sus hermanos en fallecer. Casado con Juana Gudín de Agra (sobrina de Josefa de Agra, que como hemos visto estaba casada con su hermano mayor), enviudó en 1854 durante la epidemia de cólera que asoló Noya y acabó con la vida, además, de su hija Ramona. La pareja tuvo nueve hijos, de quienes descienden los Ronquete de Gran Canaria, Cádiz, Argentina y de Nueva Orleans. De una de esas ramas descienden los rebeldes Ronquete de Santa Cristina de Barro (Noya), que protagonizaron más de un escándalo y altercado con las autoridades a comienzos del siglo XX. De otra rama desciende Pilar Ronquete Calo, sobre quien he escrito un breve artículo, murió ahogada en Noya en 1972.

Para leer más sobre esta interesante familia, os invito a visitar mi página sobre el Proyecto Ronquete.

La iglesia parroquial de San Martín de Noya, de donde los Ronquete eran feligreses. Fuente: travel.rambler.ru.

La iglesia parroquial de San Martín de Noya, de donde los Ronquete eran feligreses. Fuente: travel.rambler.ru.

Publicado en Archivos, Biografía, Estados Unidos, Galicia, Genealogía, La Coruña, Naufragios, Noya, Proyecto Ronquete, Santiago de Compostela | Deja un comentario

La utilidad del Censo en Inglaterra y Gales

Si queréis aprender más sobre la genealogía en el Reino Unido, este libro os resultará muy práctico.

Si queréis aprender más sobre la genealogía en el Reino Unido, este libro os resultará muy práctico.

Si algún día vuestras pesquisas genealógicas os llevan a cruzar el Mar Cantábrico hasta las islas británicas, entonces es posible que este artículo os sea de interés. Muchos de vosotros habréis usado en más de una ocasión el padrón de habitantes de la localidad de la que procedían vuestros antepasados. Esos padrones, o censos, son fuentes de información sumamente útiles, pues graban de manera instantánea un momento único en la vida de nuestros ancestros, y os aportarán datos que seguramente os permitirán completar y/o avanzar en vuestra investigación familiar.

El Reino Unido, y más concretamente Inglaterra y Gales, son que yo sepa unos de los primeros países europeos en haber realizado censos de manera periódica y estructurada, que procuraban recoger los nombres de toda la población nacional. Era, como os podréis imaginar, una tarea de dimensiones goliáticas, y naturalmente se produjeron numerosos errores y han quedado considerables lagunas; pese a ello, son quizá la mejor herramienta de la que dispondréis si vuestros antepasados vivieron en el Reino Unido con posteridad al año 1841.

Los primeros intentos para levar a cabo un censo en Inglaterra se remontan al medievo. De hecho, desde el Domesday Book (o Libro de Winchester) de 1086, las autoridades británicas se han interesado por el número de ciudadanos que contaba cada núcleo urbano. Algunos condados y ciudades tomaron su propia iniciativa en siglos posteriores, y se llevaron a cabo padrones relativamente detallados durante el Renacimiento, aunque no sería hasta el año 1800 que se legisló a nivel nacional para que se llevara a cabo un censo estandarizado de toda la población inglesa y galesa (Escocia fue un caso aparte del que quizá hable en otra ocasión).

Así, el primer censo se llevó a cabo el lunes, 10 de marzo de 1801 bajo la autoridad de oficiales parroquiales (en Inglaterra y Gales) y maestros de escuelas (en Escocia). Lo mismo sucedió cada diez años (en 1811, 1821 y 1831) hasta que en 1841 el Gobierno tomó cartas en el asunto. Es a partir de dicho año que se cuenta con información de toda la población a nivel nacional. Todos los censos posteriores (con la salvedad del de 1941, que no tuvo lugar al coincidir con la Segunda Guerra Mundial) se celebraron cada diez años, aunque, como veremos a continuación, contenían diferencias respecto a cada edición anterior.

El censo de 1841 se llevó a cabo la noche del 6 al 7 de junio de dicho año; sorprendentemente, sólo se recogían las edades exactas de aquellas personas que tuvieran 16 años o menos; la edad de los mayores de 17 quedaba pues redondeada a la baja por cinco años (así, alguien que aparezca como si tuviera 30 años podría en realidad tener entre 30 y 34 años), y era preciso mencionar si un individuo había nacido en el mismo condado en el que residía entonces (sin especificarse, de lo contrario, de qué población procedía). También se especificaba la profesión del individuo (normalmente los varones, aunque también había casos entre la población femenina). Hay que decir que este censo alberga ciertas omisiones importantes, como por ejemplo no cita a cientos de mineros que se encontraban trabajando en aquellos momentos en el fondo de las minas, así como marineros que se encontraran a bordo de barcos atracados en puerto.

Los censos los llevaban a cabos oficiales gubernamentales y de la parroquia, o bien maestros de escuela. Fuente The National Archives.

Los censos los llevaban a cabos oficiales gubernamentales y de la parroquia, o bien maestros de escuela. Fuente The National Archives.

El de 1851 introdujo diversos cambios que favorecen la tarea de cualquier genealogista; celebrado durante la noche del 30 al 31 de marzo de 1851, este padrón recogía el número de familias (en vez del número de casas, tal y como se había registrado diez años antes). También era necesario mencionar la parroquia o aldea en la que había nacido cada individuo, aunque en caso de los extranjeros sólo era obligatorio decir “ciudadano británico” – esto podría inferir que dicho individuo había adquirido la nacionalidad británica, era un simple residente en el Reino Unido, o había nacido en una colonia británica. A diferencia de 1841, en esta ocasión sí se decidió incluir a marinos que estuvieran en los puertos pero, curiosamente, no se censó a los habitantes de casas-barco fluviales. Como elemento adicional hemos de mencionar la pregunta que se incluyó respecto a la salud de la población, pues era necesario estipular si una persona era sorda, muda, ciega o dementada.

Los censos de 1861 y 1871 tuvieron lugar la noche del 7 al 8 de abril de 1861 y la del 2 al 3 de abril de 1871, respectivamente. Las diferencias entre ambos son mínimas; aparte de plantear las mismas preguntas que en 1851, el censo de 1861 incluía una sección aparte para personas que se encontrasen a bordo de buques británicos en alta mar así como atracados en puerto.

El censo de 1881 se recogió la noche del 3 al 4 de abril de dicho año, e incluía una columna especial en caso de que un individuo fuese “lunático”, “imbécil” o “idiota” (términos que, afortunadamente, han caído en desuso, al menos en su sentido médico).

El censo de diez años después, es decir, de 1891, fue realizado la noche del 5 al 6 de abril. Al contrario que sus predecesores, no contiene índice, por lo que localizar a vuestros familiares dependerá de que sepáis dónde vivían. El censo de 1901, esencialmente idéntico al anterior, fue recogido la noche del 31 de marzo al 1 de abril.

El censo de 1911 es, hasta la fecha, el último censo británico que se puede consultar, debido a la moratoria de un siglo que ha de pasar entre su redacción y su publicación. Este censo contiene páginas individuales por unidad familiar, lo cual resulta muy práctico al mencionar también el número de habitaciones con las que contaba la casa – lo cual nos dará una idea sobre lo bien o mal que vivían nuestros ancestros. Una novedad significativa respecto a las ediciones anteriores son las columnas dedicadas a los años que llevaba casado cada individuo, cuántos hijos vivos habían nacido de dicha unión, y cuántos hijos le quedaban vivos en el momento que se realizó el censo. Esa información a menudo se omitía si la persona era viuda, aunque tuviera hijos.

El siguiente censo que se ha de publicar, el de 1921, será de acceso público en unos cinco años, pero algunas páginas web como FindMyPast dan acceso al llamado Registro de 1939, un documento muy parecido a un censo que se recogió poco después de estallar la Segunda Guerra Mundial, y que serviría para realizar estadísticas y así permitir una producción adecuada de cartas de racionamiento. Es, como comprenderéis, una herramienta de suma utilidad mientras el censo de 1921 no salga a la luz.

Los censos de Inglaterra y Gales se pueden consultar en Internet; algunas páginas gratuitas como FamilySearch ofrecen transcripciones más o menos detalladas, mientras que otras de pago como Ancestry permiten consultar las imágenes originales escaneadas.

Este extracto del censo de 1911 muestra a la hermana de mi tatara-tatarabuela, residiendo a sus 94 años con su hija en una casa de dos habitaciones.

Este extracto del censo de 1911 muestra a la hermana de mi tatara-tatarabuela, residiendo a sus 94 años con su hija en una casa de dos habitaciones en el condado de Herefordshire. Fuente: Ancestry.

Publicado en Archivos, Censo, Emigración, Genealogía, Guerra, Reino Unido | Deja un comentario

El ahogamiento de Pilar Ronquete Calo

El Mercado de Abastos de Noya.

El Mercado de Abastos de Noya. Fuente: Páxinas Galegas.

A finales de octubre de 1972 un periódico gallego recogía un trágico suceso del cual una de mis parientes había sido involuntaria protagonista. El día 22 de dicho mes, Pilar Ronquete Calo, soltera y de 54 años, se encontraba apoyada en el borde del malecón de Cadarso, a la altura del Mercado de Abastos de Noya, donde probablemente trabajaba como pescadera.

En torno a las 14.30h, seguramente al concluir la jornada laboral, Pilar cruzó los escasos metros que separan el mercado de la orilla y bajó los escalones de piedra que conducen a las aguas de la ría, para poder lavar unas cajas de pescado. La noticia del periódico no recoge si lo que sucedió a continuación fue presenciado por algún testigo, pero sabemos que acto seguido la infeliz cayó al agua. Si el tiempo durante ese día había sido lluvioso, es posible que Pilar se resbalara en el musgo de los peldaños, o bien que sufriera un desvanecimiento y se golpeara la cabeza. Sea como fuere, la mujer fue incapaz de salir del agua, y al ser pleno otoño, es posible que su ropa de abrigo actuase como absorbente y le resultara todavía más difícil salir del agua. Nada pudo hacerse por su vida, y terminó ahogada.

La muerte fue inscrita en el Registro Civil dos días después, dando parte médico el doctor Luis Concheiro Carro. El cuerpo de Pilar Ronquete Carro recibió sepultura en el cementerio parroquial de Santa Cristina de Barro. La sobrevivieron varios de sus hermanos, incluido Evaristo, que fundó la rama gaditana de los Ronquete.

Pilar Ronquete Calo era hija de Ramón Ronquete Blanco (para saber más sobre su familia recomiendo mi artículo sobre los Rebeldes Ronquetes) y Carmen Calo López, y una descendiente de 6ª generación de Nicolás Ronquete.

El malecón de Cadarso. Fuente: El Correo Gallego.

El malecón de Cadarso. Fuente: El Correo Gallego.

Publicado en Biografía, Cádiz, Galicia, Genealogía, Noya, Proyecto Ronquete | Deja un comentario

El apellido Pérez-Cepeda

Recuerdo hace años, cuando comenzaba a dar mis primeros pinitos en genealogía, que le pregunté a mi tía (política) de dónde procedía su apellido, que es además compuesto: Pérez-Cepeda. “Descendemos de un hermano de Santa Teresa de Ávila”, me aseguró. Huelga decir que por ahora no he sido capaz de encontrar un vínculo entre la familia de mi tía y la de la santa abulense…

Cartel de la Calle José Luis Pérez Cepeda en La Coruña.

Cartel de la Calle José Luis Pérez Cepeda en La Coruña.

En La Coruña el apellido “Pérez-Cepeda” es bastante conocido, no sólo porque se trata de una familia considerablemente grande (mi tía es una de doce hermanos, más otros seis primos que también portan el apellido en primer lugar), sino porque su padre fue alcalde de la ciudad y, durante un breve período en 1957, presidente del Real Club Deportivo de La Coruña. La calle José Luis Pérez Cepeda honra hoy su memoria.

El apellido, en su actual forma compuesta, parece tener una historia relativamente reciente. El padre del alcalde fue José Pérez Cepeda (sin guión), un coruñés nacido en 1892 que ocupó el puesto de Presidente del Gremio de Industrias de Alimentación y posteriormente Presidente de la Asociación General Patronal de La Coruña. Este señor, fallecido hace ya años, fue quien decidió unir sus dos apellidos de manera que no se perdiera el materno, del cual cabe deducir se sentía bastante orgulloso.

La decisión de componer el Pérez y el Cepeda fue oficialmente reconocida mediante Orden Ministerial del 3 de diciembre de 1946, según la cual se permitía “a D. José Pérez Cepeda, a sus hijos y descendientes legítimos […] usar como uno el apellido “Pérez-Cepeda” imponiéndole como segundo el que ocupa el mismo lugar entre los de su padre y conservando los descendientes también como segundo el que tienen en la actualidad, según resulta de Carta Orden remitida por el Señor Juez de Primer Instancia número dos de esta capital.” Así, los hijos de José pasaron de ser “Pérez Piñeiro” a ser “Pérez-Cepeda Piñeiro” de un plumazo.

La capital herculina vio nacer el apellido Pérez-Cepeda así como al propio José y a sus tres hermanas (Isabel, Emilia y Josefina), que se criaron en la Calle Riego de Agua, número 28, piso principal. También bajo el mismo techo vivían en un momento dado una tía materna de los niños, así como una sirvienta, y no podían faltar, por supuesto, el padre, José Pérez Insua, de profesión comerciante, y la madre, Emilia Cepeda Otero, quien trabajó como costurera en sus años de juventud. Éstos fallecieron con pocos años de diferencia (él en 1926, a causa de la arteriosclerosis que padecía, y ella en 1930 a consecuencia de una asistolia.

Padrón de La Coruña de 1899, que muestra al matrimonio Pérez Cepeda con sus hijos, una cuñada y una sirvienta.

Padrón de La Coruña de 1899, que muestra al matrimonio Pérez Cepeda con sus hijos, una cuñada y una sirvienta. Fuente: Family Search.

Emilia Cepeda Otero era hija de Isabel Otero Parada (jornalera, natural de la villa de Betanzos, situada a las afueras de La Coruña e históricamente la quinta provincia de Galicia) y de José Cepeda, cuyos orígenes inmediatos me son, por ahora, desconocidos. Curiosamente, Isabel Otero Parada consta soltera en varios padrones, por lo que se deduce que Josefa y Emilia Cepeda Otero nacieron ilegítimas pero fueron reconocidas por su padre, sin cuya autorización nunca hubieran podido portar el apellido Cepeda, y los Pérez-Cepeda no serían conocidos por dicho nombre**… Estos datos se dirimen del padrón coruñés de 1889, cuando la familia vivía en el tercer piso del número 39 de la Calle de La Franja.

Cepeda1889

El padrón coruñés de 1889, que muestra a José Pérez Insua, de 27 años, de la parroquia de San Jorge, casado, de profesión jornalero; viven con él su mujer Emilia Cepeda Otero, sastra y siete años mayor que él; su cuñada Josefa, sastra y soltera; su suegra Isabel, jornalera, oriunda de Betanzos, y soltera también; y las dos hijas que había tenido el matrimonio por aquel entonces: Isabel, de 9 años, y Emilia, de 11 meses.

Un rastreo por los padrones disponibles en FamilySearch arroja pocas pistas sobre otros posibles parientes: una familia de Cepedas en la ciudad de Lugo en 1915, otros en Huelva, una mujer viuda en Betanzos en 1905, un soldado fallecido en Albacete en 1838, y un muchacho emigrado a Estados Unidos, de nombre Jesús Otero Cepeda, natural de La Coruña (1896) que en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, se alistó para ir al frente del bando de los americanos.

En cualquier caso, parece que no estamos cerca de encontrar el nexo entre la familia de mi tía y los hermanos de Santa Teresa de Jesús, cuyo nombre real era Teresa de Cepeda y Ahumada, (1515-1582). ¿Pero, podría descender mi tía -y mis primos, y todo aquél que encuentre el apellido Pérez-Cepeda en su genealogía- descender de un hermano de Santa Teresa? Todo es posible, pero para estar seguros habría que explorar la vida y descendencia de los hermanos de la Santa… pero ese es otro tema que habrá que explorar en otra ocasión.

Teresa de Cepeda y Ahumada, o Santa Teresa de Jesús.

Teresa de Cepeda y Ahumada, o Santa Teresa de Jesús.

 

**ADENDUM
La partida de bautismo de Emilia (Cepeda) Otero confirma que nació y fue bautizada en la parroquia de San Nicolás de La Coruña el 7 de noviembre de 1854, siendo la hija natural de Isabel Otero Parada, hija de Felipe y Antonia, y oriunda de la ciudad de Betanzos. La identidad del padre no aparece recogida en el documento original, pero una nota marginal afirma que la niña fue reconocida como hija natural de José Benito Cepeda Pose, oriundo de Iria Flavia (Padrón), hijo de Melchor y de Teresa. Este D. José Benito Cepeda Pose aparece en 1898 como maestro de escuela en la parroquia de San Juan de Piñeiro, en O Covelo, más de cuarenta años después del nacimiento de su hija. 

 

Publicado en América, Archivos, Ávila, Betanzos, Biografía, Emigración, Estados Unidos, Galicia, Genealogía, La Coruña, Lugo, Uncategorized | Deja un comentario