El trágico destino de las tías de Ferrol

La ciudad de Ferrol, donde vivió mi familia a finales del siglo XIX.

Hace un tiempo dediqué un artículo, titulado Los tíos desaparecidos de Cuba, a los hermanos de mi bisabuelo, cuyo rastro se perdió para siempre en la isla caribeña. Mi bisabuelo, oriundo de la ciudad de Ferrol, también emigró a Cuba cuando era joven, siguiendo los pasos de al menos tres de sus hermanos, de un tío materno y de una tía paterna (aunque a diferencia de casi todos ellos, acabaría volviendo a España). En Galicia quedaban mis tatarabuelos, Nicolás Ramos y Baltasara Romero, que fallecieron con pocos días de diferencia en 1916, y las hijas del matrimonio, a la espera, deduzco, de que algún día pudiesen casarse, fundar sus propias familias, y quizás emprender el duro viaje del emigrante rumbo a Cuba.

Nicolás y Batasara tuvieron en total once hijos, de los cuales cuatro eran niñas: Flora, Amparo, Manuela y María Antonia. De todas ellas sólo he conseguido encontrar datos sobre Flora, cuya historia relataré en breves momentos, mientras que de las otras tres no sabía nada. Hasta ahora.

Nada puedo aseverar sobre el paradero de María Antonia, la más pequeña de todas, salvo que consta fallecida en 1916, y dado que no consta en los padrones de habitantes de Ferrol, deduzco que debió de fallecer a tierna edad. De hecho, cuando hace dos o tres años logré conseguir la partida de defunción de Nicolás y Baltasara pude constatar que por entonces, de sus cuatro hijas, sólo Flora seguía viva; era obvio que las otras tres habían fallecido antes que sus padres, pero no tenía forma de saber si habían muerto en la infancia, o si habían llegado a adultas. Una anotación en la partida de defunción de Nicolás ofrecía una pista curiosa sobre la tercera, Manuela, pues afirmaba que había fallecido dejando un hijo, sin mencionar el nombre o apellido de la criatura. Deduje por lo tanto que Manuela sí había llegado a edad adulta, y que para encontrar su partida de defunción debía centrar mi búsqueda en una muerte acaecida entre 1890, cuando Manuela tendría unos 17/18 años, y 1916, cuando murieron sus padres, y ella habría tenido 43.

La única referencia a Manuela en el padrón de habitantes de Ferrol, que se puede consultar de forma gratuita en FamilySearch, data de 1898, y se refiere a ella como soltera y viviendo con sus padres y su hermano, mi bisabuelo Guillermo. Armado con este dato, recientemente fui en persona al Registro Civil de Ferrol con el objeto de encontrar la partida de defunción de Manuela, pero la ausencia de índices y la falta de documentos digitalizados dio al traste con mis esperanzas. Más suerte tuve a la hora de buscar información sobre su hermana Flora, la cual yo sabía que se había casado en torno a 1890 con ni más ni menos que su tío Juan, el hermano de su madre.

Padrón de habitantes de 1898, que muestra a Manuela Ramos y su familia.

Siempre he oído que aquella unión, que algunos juzgarán incestuosa, estaba fundada sobre la fortuna que supuestamente había amasado en Cuba el tío Juan, y que obviamente no querían que se perdiese si éste se casaba con alguna dama ajena a la familia. El matrimonio apenas duró nueve años y produjo dos hijas. Durante mi reciente visita a Ferrol no sólo encontré la partida de nacimiento y defunción de la segunda, que según leyenda familia arruinó a su hermana y se gastó la fortuna paterna, sino que pasé un rato de lo más agradable con una biznieta de aquel bizarro matrimonio. Lógicamente algunas cosas mejoran con el paso del tiempo…

Mi siguiente parada fue el Archivo Diocesano de Mondoñedo, en Lugo, donde me propuse averiguar cuándo había fallecido Manuela. Mi búsqueda pronto dio sus frutos cuando consulté el tomo de difuntos correspondientes a la última década del siglo XIX, cuyo índice recogía la defunción de Manuela. Para mi gran alegría, en el índice también aparecía su hermana Amparo, y enseguida logré dar con los datos de sus respectivos entierros.

La primera partida que encontré fue la de Amparo, la cual murió la Noche de Reyes de 1895, a los 25 años de edad. En el momento de su muerte se hallaba casada con un tal Avelino Pantín Rico, de cuyo matrimonio dejaba hijos gemelos. Mi atención pronto se centró sobre dos entradas en la misma página, donde se recogían los entierros de dos niños llamados Avelino y Amparo Pantín Ramos, que habían fallecido con uno y ocho días de vida. Era evidente que Amparo había muerto durante o poco después del parto, pero sin una partida de defunción no me resultaba posible saber de qué. Así pues, contacté de nuevo con el Registro Civil de Ferrol, donde muy amablemente me emitieron las partidas de defunción de Amparo y de sus dos hijos malogrados, así como la partida de matrimonio de Amparo y de su marido Avelino. Amparo (madre) efectivamente falleció a causa de eclampsia apenas cinco meses después de haberse casado con Avelino; sus hijos fallecieron de una persistencia del agujero botal (en el caso del niño) y de incompleto desarrollo (en el caso de la niña), pues a menos que Amparo se hubiera casado embarazada, sus hijos debían todavía estar en el cuarto o quinto mes de gestación. Dado que los niños llegaron a vivir más de 24 horas, me inclino por la teoría de que Amparo se casó estando ya embarazada.

Sección de la partida de defunción de Amparo, confirmando que falleció a causa de una eclampsia.

Semejante tragedia no pudo dejar insensible a nadie en mi familia, y sin embargo jamás he oído hablar de esta tía que se fue a la tumba demasiado pronto. Con razón dos de sus sobrinas se llamarían Amparo, en su memoria, pero con ella y sus dos hijos la línea de Amparo se extinguió hace más de un siglo.

Torné mi atención hacia su hermana Manuela, que yo sabía había fallecido aproximadamente en la misma época. Mis peores presagios se cumplieron cuando di con su defunción, acaecida en 1899; Manuela, casada con Pastor Fernández, de profesión militar, se había casado en 1898, y menos de un año después sucumbía a una fiebre puerperal producida, como su hermana mayor, durante el parto. En esta ocasión mis pesquisas tuvieron un final ciertamente más feliz, pues averigüé que el hijo de Manuela, Pastor Fernández Ramos, llegó a sobrevivirla, y de hecho falleció a la edad de 83 años en 1982, según la esquela que encontré en la hemeroteca de La Voz de Galicia. Desgraciadamente nunca hubo relación entre él y el resto de su familia materna – no por ningún desagravio ni mal entendido, según me dice una tía-abuela mía, sino porque simplemente no había relación, aunque sabían de su existencia.

A pesar de la tristeza de mis hallazgos, sí me alegro de haber encontrado una línea colateral que de alguna manera perpetúa la línea de mis tías ferrolanas, las cuales habrían caído en el olvido de no haber sido por mi empeño en desenterrar sus historias individuales y darles el lugar en mi historia familiar que se merecen.

Parece ser, según la esquela, que Pastor Fernández Ramos no tuvo descendencia de su matrimonio con Fe Vega Pérez, pero si queda algún descendiente de este primo y le gustaría contactar conmigo, puede dejar un mensaje al final de este artículo.

Esquela de Pastor Fernández Ramos, el primo de mi abuelo del que nunca había oído hablar.

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