El primer Ronquete

Vista del puerto y ciudad de Génova en 1810. Fuente.

Uno de mis antepasados en la 9ª generación vino al mundo en la ciudad italiana de Génova, en fecha desconocida, aunque probablemente en torno a mediados del siglo XVIII. La ciudad portuaria que le vio nacer era entonces la capital de una vieja república al borde del cataclismo económico y la invasión extranjera, con un comercio en declive y un ejército y flota diezmados tras siglos de guerras y rivalidades con otros estados mediterráneos, notablemente la República de Venecia.

La Serenísima República de Génova, cuya gloria pasada se sustentaba sobre las pericias de marinos, comerciantes y descubridores (recordemos que Cristóbal Colón era, es casi seguro, genovés), fue la víctima de varios ataques por parte de Austria a mediados del XVIII, y en 1768 se vio obligada a ceder la isla de Córcega al vecino reino de Francia, minando así su poderío e influencia en el Mar Mediterráneo.

Fue aproximadamente en aquel entonces, en este contexto de imparable declive, que un varón de edad indeterminada y profesión indefinida llamado Nicolás Ronquete* abandonó Génova para siempre y se hizo camino, no se sabe muy bien cómo ni por qué, a la villa marinera de Noya, en Galicia. La presencia de ciudadanos genoveses en la región era entonces bastante inusual, pero desde luego no era novedosa. Ya en el reinado de Felipe II había existido una importante colonia genovesa en Sevilla que también dejó su huella en el noroeste peninsular. Los Lomelín (forma españolizada del apellido Lomellino o Lomellini) era una familia genovesa que había amasado una fortuna gracias al mundo de las finanzas así como a las actividades comerciales con las pesquerías en el norte de África. Cuando las arcas estatales del Rey Carlos I de España se vieron peligrosamente vaciadas, los Lomelín accedieron a socorrer económicamente al soberano a un interés de hasta el 14 por ciento. Otras dinastías de las finanzas como los Spinola de Génova y los Dueñas de Medina del Campo apoyaban al monarca de manera similar.

Los préstamos continuaron durante el reinado del siguiente monarca, Felipe II, quien en el transcurso de la bancarrota de 1575 perdió una verdadera fortuna (320 millones de maravedíes) prestada por Esteban de Lomelín. Ante las desfavorables condiciones con las que debían negociar, los Lomelín se vieron obligados a considerar métodos alternativos de percibir una compensación por las pérdidas ocasionadas, hasta tal punto que fue necesaria la intercesión del Papa Gregorio XIII. El resultado fue la venta de la titularidad de varias villas a la dinastía genovesa, entre las que cabe destacar la propia localidad de Noya. Los Lomelín no estaban interesados en crear colonias genovesas en España, sino recaudar lo antes posible el dinero que consideraran adecuado, descontándolo de la real deuda. En 1577 el asentista Baltasar de Lomelín compró Noya y su comarca hasta la Puebla del Caramiñal a un precio puramente especulativo, y la vendió en seguida al Conde de Lemos. La misma suerte pasaron otras localidades de la geografía española, como las madrileñas Ambite de Tajuña, Carabaña, Valdilecha y Orusco (esta última vendida por la viuda de Esteban de Lomelín, Casandra Grimaldo, por 11 millones de maravedíes).

La compraventa de Noya no significó necesariamente el asentamiento de genoveses en Galicia, pero resulta verosímil suponer que se dieron intercambios frecuentes entre Noya y Génova de ahí en adelante. Es incluso posible que Nicolás Ronquete, incluso más de un siglo después de la transacción económica, hubiese oído hablar en más de una ocasión de Noya en su Génova natal.

Sea como fuere, sabemos por su testamento que Nicolás Ronquete realizaba frecuentes transacciones económicas con numerosos convecinos, motivo por el cual suponemos que era prestamista (actividad entonces oficialmente prohibida pero tolerada por las autoridades españolas). Adicionalmente, fue nombrado síndico de Noya en 1793 después de unos veinte años residiendo en la villa.

En el terreno personal, Nicolás Ronquete encontró la estabilidad en una convecina llamada Manuela de Acosta (quien no tenía, que sepamos, antecedentes genoveses). El matrimonio tuvo cinco hijos, el mayor de los cuales, Francisco Miguel (que también fue prestamista) debió de nacer como muy tarde en 1782 ó 1783, dado que contrajo matrimonio en 1799. Su hermana Josefa, nacida en 1784, se casó con un noyés del que enviudó en 1828, y tuvo dos hijos de dicha unión. Rafael, el segundo varón, murió ahogado frente a las costas de Matasueiro en 1818 sin haber cumplido los 33 años de edad y dejando custro hijas y un hijo póstumo. Manuel Gabriel fue el más longevo de sus hermanos, ya que falleció en 1865, y también el más prolífico, habiendo engendrado nueve hijos de su matrimonio con Juana Gudín, fallecida durante la epidemia de cólera en 1854. Finalmente, en 1793, vino al mundo Gabriel Pascual, cuya partida de bautismo fue la primera prueba que tuve sobre los orígenes genoveses de la familia. Desgraciadamente el niño murió a los cuatro años de edad, y por lo tanto no tuvo descendencia.

El milanés Anselmo Ronchetti (1773-1833), zapatero personal de Napoleón Bonaparte, era coetáneo de Nicolás Ronquete, aunque no parecen haber guardado parentesco.

El milanés Anselmo Ronchetti (1773-1833), zapatero personal de Napoleón Bonaparte, era coetáneo de Nicolás Ronquete, aunque no parecen haber guardado parentesco.

El recién estrenado siglo XIX trajo consigo numerosos problemas para España, la cual se encontraba al borde de las guerras napoleónicas con su vecina Francia. También era el principio del fin para Nicolás Ronquete, que cayó enfermo a finales de 1808. El 11 de septiembre de aquel año fue admitido en el Hospital Real de Santiago (actual parador Hostal de los Reyes Católicos, en plena plaza del Obradoiro). El registro de enfermos nos permite conocer detalles tan sorprendentes como la indumentaria que llevaba puesta aquel día (un capote, un chaleco, un pantalón y una chupa azul), pero lo más revelador es el testamento, que redactó el 7 de enero de 1809. Dos días después, el primer Ronquete español fallecía, habiendo recibido los Santos Sacramentos, y fue enterrado en la capilla de Nuestra Señora de la Angustia, en el propio recinto hospitalario.

Hoy en día quedan descendientes de Nicolás Ronquete a través de sus cuatro hijos mayores, pero sólo a través del primogénito y del tercer varón ha logrado sobrevivir el apellido genovés hasta nuestros días.

Para más información, os invito que visitéis la página dedicada al Proyecto Ronquete, destinado a captar y compartir información sobre esta familia y sus diversas ramificaciones.

*La grafía genovesa del apellido no es del todo clara. La transcripción al italiano actual se correspondería a Ronchete, aunque parece probable que el original fuese Ronchetti, un apellido bastante extendido en la Italia septentrional. No obstante, no parece guardar relación directa con el apellido Roquette, de conocida presencia en las provincias de Cádiz y Sevilla.

El Hospital Real de Santiago de Compostela (en la actualidad un parador nacional) donde falleció y fue enterrado Nicolás Ronquete.

El Hospital Real de Santiago de Compostela (en la actualidad un parador nacional) donde falleció y fue enterrado Nicolás Ronquete. Fuente.

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3 respuestas a El primer Ronquete

  1. qpetrovich dijo:

    Resulta alucinante pensar que los monarcas españoles podían vender ciudades enteras en ciertos casos…

    Me gusta

  2. Pingback: Las familias extranjeras del Barbanza | El Rincón de la Genealogía

  3. Pingback: El ahogamiento de Pilar Ronquete Calo | El Rincón de la Genealogía

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