El hundimiento del Santa Isabel

Noticia recogida por El Diario de Pontevedra, donde se observa erróneamente que el capitán se volvió loco.

Noticia recogida por El Diario de Pontevedra el 4 de enero de 1921 donde se observa erróneamente que el naufragio tuvo lugar en la Isla de Arosa.

Una de los principales signos identitarios de Galicia es, sin duda, su salida al mar. Bordeada por el Océano Atlántico al oeste y por el Mar Cantábrico al norte, Galicia tiene unos 1.498 kilómetros de costa (sin contar los 316 archipiélagos que salpican sus rías), un número muy significativo que explica los cientos de años que lleva su historia ligada a las aguas que la bañan.

La presencia cercana del mar ha provocado, como cabría esperar, una multitud de tragedias marítimas, y es precisamente de una de las más famosas de la que hoy os voy a hablar. Hace menos de un siglo el mar se tragó para siempre un barco andaluz frente a la isla de Sálvora, en la entrada de la Ría de Arosa, y se llevó consigo a casi todos cuantos viajaban en su interior.

La historia comienza varios años antes, cuando la idea de construir un buque, el Santa Isabel, junto con su “gemelo” el San Carlos, fue concebida en 1914, en pleno apogeo de la emigración masiva de europeos al continente americano. Cada uno de los buques desplazaría más de 2.000 toneladas, y tendría capacidad para transportar tanto carga como pasajeros (muchos de ellos pertenecientes a la tercera clase, al tratarse de humildes emigrantes). El San Carlos conocería una vida más longeva, sirviendo en varias compañías transatlánticas hasta el año 1955, cuando fue desguazado. Peor suerte correría el Santa Isabel, que apenas sobreviviría cinco años a flote.

El Santa Isabel en 1916, cuatro años antes de naufragar. Fuente.

El Santa Isabel en 1916, cuatro años antes de naufragar. Fuente.

El Santa Isabel fue construido en los astilleros de Matagorda, en la provincia de Cádiz, entre 1914 y 1915. Era la primera vez que la compañía Sociedad Española de Construcción Naval utilizada los astilleros andaluces para construir un barco de pasajeros, habiendo preferido hacerlo anteriormente en el norte peninsular. La capacidad del flamante buque sería de unos 400 pasajeros y 80 tripulantes (cifras nada despreciables, aunque ínfimos si se comparan al mastodóntico Titanic, hundido apenas dos años antes y con una capacidad máxima, aunque jamás aprovechada, de 3.327 pasajeros y miembros de la tripulación). En el Santa Isabel la mayor parte de los camarotes de tercera podían ser habilitados adicionalmente para el transporte de carga (principalmente plátanos) que iba destinada a uno de los puertos de destino del buque: la isla de Fernando Poo, en la actual Guinea Ecuatorial. También había, sin embargo, sitio para el lujo y el confort, pues el barco contaba con electricidad para todas las clases e incluso camarotes (hasta cien plazas) de primera clase para los pasajeros más adinerados, así como un salón de música y un elegante comedor. Desde un punto de vista más práctico, también hay que tener en cuenta las medidas de seguridad con las que contaba el Santa Isabel, que contaba con servicio de radiotelegrafía. La nefasta experiencia del Titanic hizo que los diseñadores del buque español incluyeran botes salvavidas más que suficientes para todas las personas a bordo.

El viaje inaugural del Santa Isabel, que en aquella ocasión debía recorrer la costa española de Cádiz a Barcelona, no fue el éxito que sus dueños hubieran querido. A medio camino una de las turbinas sufrió una avería, y el barco tuvo que atracar en el puerto de Valencia, donde carga y pasajeros tuvieron que proseguir su periplo en tren. Solventado el problema, el Santa Isabel retomó sus obligaciones marítimas emprendiendo viajes regulares entre Cádiz y Bilbao, alternando la ruta con la de Cádiz y Fernando Poo vía las Canarias, y viajes esporádicos a Barcelona vía Valencia. Su principal cometido, en cualquier caso, era siempre el mismo: transportar hasta Cádiz a los más desfavorecidos que pretendían emigrar a América para luego embarcar en buques de mayor capacidad y envergadura, como lo eran el Reina Victoria o el Alfonso XIII, y así atravesar el Atlántico hasta Montevideo y Buenos Aires.

El último viaje del Santa Isabel comienza una vez más en Cádiz, puerto del cual había salido el 20 de diciembre de 1920 rumbo al norte. Tras una breve parada en Vigo, el buque llegó al puerto guipuzcoano de Pasajes, recalando posteriormente en Bilbao, Santander y finalmente en La Coruña, a donde llegó en la madrugada del 1 de enero de 1921. Por entonces la mayor parte del pasaje era ya una mezcla de acentos, estando compuesto por vascos, cántabros, castellanoleoneses y asturianos, a los que ahora había que sumar gallegos. La fecha en la que el buque entró en La Coruña es significativa, pues hubo de hacerse un censo de todos cuantos estuvieran a bordo, de acuerdo con las exigencias del Instituto Geográfico y Catastral. Este documento sería de enorme relevancia en la posterior identificación de los fallecidos, desaparecidos y supervivientes. Los pasajeros comenzaron el año nuevo con una misa oficiada por el reverendo Antonio Pescador Saberón, oriundo de Comillas, que perdería la vida en el posterior naufragio. Muchos pasajeros sabían que abandonaban España para no volver jamás, aunque no podían imaginarse lo trágica que resultaría aquella premonición. Curiosamente un fogonero lucense llamado Pedro Ocampo Pérez tuvo mejor suerte que los demás, pues fue despedido en el transcurso del viaje y se vio obligado a desembarcar en La Coruña; su sustituto fue menos afortunado, ya que pereció, y hoy sus restos yacen enterrados frente a la costa que le vio morir ahogado.

El Santa Isabel, que no acostumbraba recalar más de unas horas en cada puerto, partió de La Coruña a la una de la tarde del día 1 de enero de 1921. Su destino era el puerto de Villagarcía de Arosa, puerto pontevedrés bastante más pequeño pero de gran atractivo para los emigrantes de la zona. Allí precisamente habían de embarcar 37 pasajeros más, antes de llegar a Vigo donde les esperaban 217 personas, y de ahí a Cádiz, donde la mayoría emprendería rumbo a América del Sur. Al caer la tarde, el tiempo empeoró considerablemente, y alrededor de las diez de la noche un fuerte temporal empezó a azotar las cubiertas del Santa Isabel. Ante las inclemencias del tiempo, la mayor parte del pasaje se retiró a sus literas y sus camarotes, mientras que el barco aminoraba la velocidad mientras los vigías no perdían ojo a la costa, que a duras penas se podía divisar entre la lluvia, las rachas de viento y las olas.

Después de medianoche el capitán, que no abandonó el puente de mando, comprobó gracias a los faros de Ons y Corrubedo que se encontraban cerca de la isla de Sálvora, la cual pretendía bordear por el sur y así fondear en la tranquila Ría de Arosa. Sin embargo, la fuerza del viento hizo que el Santa Isabel quedase prácticamente a la deriva, a pesar de los esfuerzos de la tripulación por controlar la velocidad del barco. Con escasos segundos para maniobrar, el propio capitán divisó el rompiente en la base de unas rocas justo en el camino del Santa Isabel, e inmediatamente dio la orden de dar marcha atrás, sin éxito. El buque embarrancó sobre las piedras, que segaron los bajos de la quilla con estridente sonoridad, y pronto los fuertes vientos comenzaron a zarandear el resto de la nave como una carraca sobre su base. El Santa Isabel se comenzó a hundir con una fuerte inclinación hacia estribor, dejando inutilizados la mitad de los botes salvavidas.

Lugar del naufragio marcado con una cruz en las rocas Pegar, muy cerca del faro de la isla. Fuente.

Lugar del naufragio marcado con una cruz en las rocas Pegar, muy cerca del faro de la isla. Fuente.

El capitán, Esteban García Muñiz, dio la orden de abandonar el barco, haciendo uso de los botes salvavidas que todavía se podían usar. Apenas se había comenzado a dar la voz de alarma cuando las luces del Santa Isabel se apagaron para siempre, sin duda como consecuencia de haberse anegado la sala de máquinas, lo cual añadió pánico al caos y la confusión que reinaba sobre y bajo cubierta. Tan rápida fue la sucesión de eventos, que el malogrado telegrafista Ángel González Campos apenas tuvo ocasión de mandar unas reveladoras palabras: “Estamos encima de las rocas de Salv-“, cuando se cortço la electricidad. Ninguno de los buques que fondeaban por los alrededores pudieron hacer nada por socorrer al barco, que naufragaba de manera imparable.

El primer bote en tocar el mar fue el número seis, que ocupaban el propio radiotelegrafista, el primer oficial, varios pasajeros y el mozo gaditano Carlitos Verdier, de tan sólo 16 años. La fuerza de las olas quiso que aquel bote acabase estrellándose contra las rocas de la costa, costándole la vida a todos sus ocupantes. Transcurrieron los minutos como si fueran horas, y sobre las cubiertas del Santa Isabel seguían encaramadas unas 50 personas. En algún momento de la madrugada otro buque, el Triana, pasó de largo inexplicablemente, ignorando el griterío de cuantos allí se aferraban a la vida. Sobre las ocho y media de la mañana el Santa Isabel se partió en dos, lanzando al mar a la mayor parte de cuantos allí quedaban vivos. Muchos de los viajeros se habían caído al agua, o bien se lanzaban en un desesperado intento por llegar a la costa a nado. Trágicamente, la fuerza de las olas era tal que la mayor parte de los cuerpos acabaron aplastados contra las rocas, y esta sería de hecho la principal causa de muerte de las víctimas.

Una de las primeras noticias publicadas sobre el suceso, en el diario Acción Coruñesa, que erróneamente recogía la muerte de todos cuantos iban a bordo.

Una de las primeras noticias publicadas sobre el suceso, en el diario Acción Coruñesa, que erróneamente recogía la muerte de todos cuantos iban a bordo.

Ya de mañana, y con el mar más tranquilo, los vecinos de la parroquia de Aguiño pudieron comprobar la magnitud de la catástrofe y lo poco que se podía haber hecho por evitar la tragedia. La cifra de muertos ascendía a 213; sólo 55 pasajeros y tripulantes se lograron salvar, incluido el capitán, que fue exculpado de toda responsabilidad. Las víctimas incluían tripulantes, entre los que se contaban oficiales, electricistas, fogoneros, camareros, cabos, mayordomos, cocineros e incluso el carnicero del barco, así como pasajeros, la mayoría trabajadores que se disponían a comenzar una nueva existencia en América, e incluían jornaleros, zapateros, comerciantes, sacerdotes, labradores, albañiles, marineros, sastres y hasta un actor de teatro. Sus lugares de origen eran igualmente variopintos: Lugo, Santander, Gijón, Oviedo, Navia, León, Valencia, Fonsagrada, Montevideo, Torrelavega, Burgos, Guernica, Valladolid, La Coruña, Santoña, Logroño…

El hundimiento del Santa Isabel, ocurrido tal día como hoy en 1921, dejó una triste huella sobre la memoria gallega. Fue sin duda una de las mayores tragedias navales que conoció Galicia, pero también creó héroes entre los vecinos de la zona, como es el caso de cuatro mujeres (Josefa Parada, Cipriana Oujo Maneiro, María Fernández Oujo y Cipriana Crujeiras) que se subieron a una dorna sin tener en cuenta el peligro que para ellas suponía aquella decisión, y lograron rescatar a los tripulantes del bote salvavidas número ocho, que a punto estaba de colisionar con unas rocas. Las cuatro serían galardonadas posteriormente con la Medalla de Salvamento, que llevaron con mucha honra y humildad durante años.

Las heroínas de Sálvora, con las medallas con las que fueron galardonadas por su valeroso gesto. Fuente.

Las heroínas de Sálvora, con las medallas con las que fueron galardonadas por su valeroso gesto. Fuente.

Si queréis saber más sobre el Santa Isabel, su historia y las víctimas del naufragio os recomiendo el libro Sálvora – Memoria dun naufraxio – A traxedia do Santa Isabel, de Xosé María Fernández Pazos. Tengo una copia en mi posesión, en caso de que tengáis una consulta punctual.

Anuncios

Acerca de Dawsr

Passionate about Genealogy. https://elrincondelagenealogia.wordpress.com/ https://thegenealogycorner.wordpress.com/
Esta entrada fue publicada en América, Asturias, Barcelona, Cádiz, Emigración, Galicia, Genealogía, La Coruña, Lugo, Naufragios, Riveira, Valencia, Vigo, Villagarcía de Arosa. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s