Ante todo, cautela

Vivimos en un mundo colmado de información. Información masificada. Hasta me atrevería a decir que hay demasiada información a nuestro alcance, y no porque sea una especie de defensor de la censura, sino porque opino que el exceso de información no nos ha hecho (ni nos está haciendo) más sabios ni inteligentes. Será que no sabemos qué hacer con tanta información…

La genealogía sufre un problema parecido. Gracias a los medios puestos a nuestra disposición principalmente por Internet, tenemos a un click un sinfín de datos que nos pueden ayudar a construir nuestro árbol genealógico. ¿O no es así?

La proliferación de “datos” nos ha hecho creer que todo cuando leemos en Internet o en fuentes documentales como un simple libro son 100% fieles a la realidad. A esto sólo puedo reponer: ¡Ojalá fuera así!

Hace poco leí sobre alguien que había encontrado una lápida en un cementerio donde se afirmaba que el difunto había pasado a mejor vida un 31 de febrero de 1898… El error humano está claro y lleva presente desde que nuestros antepasados pudieron ser considerados humanos. Basta no entender la letra de quien nos haya pasado una nota para malinterpretar el mensaje original. Lo mismo pasa con las transcripciones que encontramos en Internet (FamilySearch sin ir más lejos). Cuantísimas veces vemos letras en posición intercambiada por error, o transcripciones erróneas a partir de una caligrafía poco clara (véase Juárez y Suárez). Ya no digamos transcripciones de nombres extranjeros (véase Smith vs. Esmíz) que dan lugar a todo tipo de palabros exóticos.

El caso es que ninguna fuente se salva de ser como mucho 99% fiable, dejando espacio para la omisión o la errata. Recordemos que No todos nuestros antepasados eran amigos íntimos del párroco de turno, y por ende éste no se sabría sus nombres y parentescos de memoria; por ello es comprendivle que después de celebrarse el matrimonio el apellido del novio, o el nombre de la suegra, o cualquier otro dato aparentemente inocente fuera grabado erróneamente para la posteridad.

Especial cuidado hay que poner con la tradición oral, muy útil pero muy traicionera. A todos nos han contado historias fantásticas de antepasados que de alguna manera u otra fueron excepcionales. Pero antes de nada, asegurarnos de lo que estamos anotando en el árbol no es un cuento chino o una anécdota exagerada con el paso del tiempo.

Y ya que hablamos de leyendas, qué me decís de las leyendas urbanas. ¿No os hace gracia cuando alguien con el apellido Rey os dice que desciende de reyes? ¿O que alguien con el apellido Iglesias era hijo de cura (que podría ser, pero lo más probable es que simplemente fuera expósito y sus padres no tuvieran medios para ocuparse de él)?. Y luego están nuestras propias interpretaciones de la realidad, como pensar que el apellido Cordeiro/Cordero tiene que ver con el animal, cuando realmente hace referencia a la profesión de “cordelero”.

Los árboles genealógiso de los que disponemos en Internet también son tan útiles como peligrosos. No sé vosotros, pero yo estoy harto de encontrarme genealogías que incluyen nombres equivocados, hijos de una pareja cuando realmente lo son de otra…

La conclusión es que, sea cual sea nuestra fuente, debemos siempre comprobar los hechos y aplicar la lógica cuando todo lo demás nos falle.

Anuncios

Acerca de Dawsr

Passionate about Genealogy. https://elrincondelagenealogia.wordpress.com/ https://thegenealogycorner.wordpress.com/
Esta entrada fue publicada en Genealogía. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s